martes, 22 de agosto de 2017

Día Tres: ¡¡ASSSÚCAAAR!!

Parada estratégica en Alcaracejos, aún provincia de Córdoba, a un ratillo de Extremadura, tras cruzarme esta mañana Sierra Morena, sin dejar de subir en tres cuartas partes de la jornada.
Hoy ha sido uno de esos días que Jesús hubiera disfrutado. Presi, hago honor a la peña ciclista (tengo peñas de todo, ofus) vistiendo los colores para afrontar etapas duras. Hasta más de una vez te veía ahí, dos curvas más adelante, esperando al almeriense...
Hoy he tenido la genial idea de inventarme mi propio camino, y he ido a parar a una carretera que no es ni comarcal, para luego volver a meterme en tierra, por un sitio llamado "el camino de la falda de la sierra". Precioso, digno de grandes, y con cambio de paisajes, abandonando poco a poco las lomas plagadas de olivos, por encinares centenarios, urracas y, redoble de tambores, ¡el cerdo ibérico!. Gran anécdota hoy, cuando he intentado colarme en una finca, buscando agua, y se me ha tirado un cerdaco de éstos. ¡Qué cosa más bonica de animal! Si por algo dicen que se aprovechan hasta los andares.
He salido huyendo como una bala. Y no he cogido agua. Ya nos volveremos a encontrar, ya... ¡Que me he quedao con tu cara!.

Este pueblo es chulo. No parece tener nada especial, entre medias de Córdoba y Badajoz, perdido en el mapa, con un cruce de caminos, una piscina, un montón de bares, la discoteca "Kenia", que tiene pinta de sitiazo, y un "Museo de la Matanza" que acabo de visitar. Y el hambre que se me ha abierto es bestial. Y para rematar, hay una exposición sobre el Camino de Santiago. Alcaracejos, qué bonico eres.

Hoy he decidido que no duermo más en capitales. Pierdo mucho tiempo buscando el camino de salida, que es lo que me pasó esta mañana en Córdoba. Bueno, eso, y que cuando cogí a Sarah tenía la rueda delantera pinchada. Entre unas cosas y otras he arrancado sobre las nueve y media y claro, me ha pillado la vez el calor. A las tres he puesto pie en este cachito de tierra. Ducha, siesta, cálculos, café y blog. La rutina.

Salva llegó esta mañana a Santiago (enhorabuena, campeón) y a mi se me llevan los demonios al pensar en lo que me queda. El día tres siempre es así. Mañana es más que probable que me pegue un buen tute, con la venia de mis piernas, porque ayer di la nota en la plaza de la corredera, con un "Rafa Nadal" digno de ser grabado. ¿Os acordáis de esa rueda de prensa en la que le dio un tirón? Pues oye, igualico. La gente de alrededor, una vez se me pasó, se descojonaba, y yo también, claro. Entiendo que es normal, llevo un ritmo más alto que el año pasado, pero voy a empezar a recurrir a la fruta. Hoy me he puesto fino de gominolas entre monte y monte, y hasta pedaleo más contento. El agua se me acaba pronto. El acuarius no me motiva nada. Y la cerveza no la puedo llevar en los botes, o no debería...
Así que lo dicho... ¡¡ASSSÚCAAAR!!

Mañana más, guap@s. ¡Ah! Gracias por todos los comentarios. Pomelo, Juan, Carlos,... Me parto cada vez que os leo, y a cada frasecilla que dejáis, me siento más orgulloso de formar parte de vuestra vida. Tengo mucha suerte.
Por sacaros de dudas, no fui a misa en Alcalá la Real, igualo el nivel cervecil con el de agua cada tarde-noche y sí, el salmorejo está más rico por aquí. :)

Carletto, éste es el sitio, tío. A criar cerdos, a curar encinas y a jugar al dominó. Y para rematar, tienen alhambra, de la dorada. ¡Foh! Y lo que se tercio...

Voy a por la fruta, chic@s. Manzanas. Muy fan de las manzanas.
¡Se os quiere y se os admira!

lunes, 21 de agosto de 2017

Día Dos: AL QUE MADRUGA...

Córdoba me recibe hoy, con su mezquita, su salmorejo y sus aires acondicionados.
A las dos y media de la tarde, cuando ya realmente aprieta el calor, he llegado a la ribera del Guadalquivir, tras una mañana de precioso pedaleo, serpenteando al final por la N-432, de un lado a otro, entre lomas de olivos y cauces secos. No me gustan demasiado las carreteras nacionales, van cargadas de tráfico y gente que lleva demasiada prisa. Se me olvida que el mundo no está de vacaciones. Sólo yo. Pero los camiones pasan demasiado cerca, los coches pitan demasiadas veces y los motoristas aceleran demasiado fuerte. Es el trazado de la Ruta del Califato, otra para añadir a la lista.
Hoy me he gestionado bien, recuperando algo de terreno de ayer. La idea inicial era seguir un poco, pero entre las dos y las siete de la tarde se rondan los 44 grados. No apetece hacer nada... Y lo siguiente es Sierra Morena. Mañana. Mejor, mañana.
Cómo se reducen mis necesidades cuando me embarco en un viaje de éstos... Solo pienso en hidratarme, comer, ducharme, echar una siesta... No hay nada más. A veces piensas en unos y otros, en el blog, en cualquier canción que sin saber por qué no dejas de escuchar en tu cabeza... Hoy ha sido, atención, la de "Opá, yo viacéun corráh". Vete tú a saber por qué.
Pero quitando eso... No hay nada más. Ni teléfono, ni trabajo, ni cosas por hacer... Solo pedalear, avanzar poquito a poco, atravesando caminos  por los que no pasaría nunca, y aprendiéndome los mapas para no salirme del trazado, en busca de sitios donde echar un café y llenar los botes, porque un pueblecito se convierte en un oasis cuando al entrar puedes comprar un par de botellas de agua fresca. Puede ser que hoy me haya bebido unos diez litros durante la mañana, no exagero. Los mismos que sudo. La ropica huele hoy que da gloria, pero he encontrado un sitio espectacular donde quedarme.  
Estoy atracado en la Pensión Alcázar, única alternativa al albergue de peregrinos. Es curioso lo de las ciudades grandes, a veces hay más opciones en pueblachos perdidos de la mano de Dios. Fernando me dice que no tiene sitio, hasta que le digo que vengo haciendo el Camino de Santiago. "Ah, pero... ¿¿¿Eres peregrino???" Le digo que "bicigrino, más bien... Pero sí, sí que lo soy". "Entones vente pacá, hombre, que algo te apañamos".
Dicho y hecho. Y me recibe una señora entrañable, no como la guerrillera de ayer. Y me dan un cuarto enorme, con cama grande, ventilador, televisión y balconcito, y me dice dónde está la lavadora y cómo funciona, y que si quiero puedo coger esa manguera para limpiar la bici. Y hasta coge ella los bártulos y los lleva a la habitación. "A los peregrinos hay que ayudarlos", me dice, mientras se despide. "Bueno, yo me llamo María, y si necesitas algo estoy en la cocina. Como dice la canción".
¡Pero no tengo ni idea de qué canción es!
Espero no necesitar nada...

domingo, 20 de agosto de 2017

Anexo Uno: La Señora

- ¿Qué hora es, joven?
- ¿Cómo dice, señora?
- ¿¿¿Es que no tiene reloj???
- Eehmmm... ¡Sí, si! Las cinco y media.
- ¿¿¿Las cinco y media???
- Sip... Y media. Las cinco. Las cinco y media, vamos.
- ¿¿¿Pues no dicen que no hay misa???
-..... ¿Cómo?.....
- ¡¡¡Que dicen que no hay misa!!! ¡¡¡Y son ya las cinco y media, joven!!!
- Ya... ¿ Y a qué hora es la misa?
- ¡¡¡Pues a las ocho!!! ¡¡¡A qué hora va a ser!!!
- Aham... Bueno.. Hay tiempo aún... Estooo... ¿Sabe usted a qué hora abren el hostalillo este?
- A las ocho.
- ¿A las ocho abren?
- ¿¿¿Qué???
- El hostal...
- ¿¿¿Qué hostal???
-..... Éste de aquí, señora...
- ¡¡¡Y yo qué se de hostales!!! ¡¡¡Que a las ocho es la misa!!! ¡¡¡Y en esta iglesia de aquí!!!
-.... Aham...
- ¡¡¡Irá usted!!! ¿Verdad, joven?
- Claro que sí. Allí nos vemos a las ocho.
- Pero cambiese de ropa, que menuda pinta para ir a misa...
- Me ducho y me cambio, no se preocupe.

- ¡¡¡Buenas tardes, joven!!! 

- Buenas tardes, señora.

Alcalá la Real.
17:30h.
True Story.

Día Uno: LUCE EL SOL, OLA DE CALOR

Con los ecos de Sil Fono rebotando  por mi cabeza y tres horas dormidas, empecé esta mañana a pedalear. Y en Alcalá la Real, tierra de olivos, lo dejo por hoy.

Es la primera vez que empiezo un viaje desde la misma puerta de mi casa. Se me dibuja la sensación de que solo salgo a entrenar, como cualquier otro domingo, pero al colocar las alforjas vuelvo a recordar que lo que toca es una ruta "larguilla". Cerrar persianas, sacar la basura, apagar el WiFi... Tardo más de lo previsto en salir. El sueño se me ha encadenado a los pies. Café. El tercero ya. Vamos, chico.
Como siempre, me he equivocado de camino. No falla que el primer día no sepa orientarme con los mapas y los tracks que sigo. Y como siempre, me he tragado una subida no planeada. Así que, como siempre, el primer día no ha ido todo lo bien que yo esperaba en cuanto a distancias y esfuerzos. Y por eso estoy en Alcalá la Real, a 37 señores grados, zampándome un helado de chocolate, que a pesar de todo creo que merezco, y en modo niña del maps, esto es, recalculando.
No me preocupa demasiado no haber llegado hoy a donde pensé, porque las teorías en papel son maravillosas, pero son eso, teorías. Ésto es una carrera de fondo y yo soy más gregario que líder de equipo, más de gestionar energías que de agotarme día sí día también. Y además, es que hace un calor... :)
Creo que llevo con esto de las escapadas en bici unos siete años, y el patrón se cumple. Lo de liarme con los mapas, las antiguas lesiones, los ruidos de Sarah, las alforjas mal sujetas, la batería del móvil que se me agota... Y la felicidad total y absoluta al estar ya entrampado hasta las cejas en esta nueva ida de pistón. Benditas locuras, que me hacen sentirme más vivo que nunca. Ya veremos si vuelvo... ¡O si me quedo por ahí, en cualquier pueblo, trillando trigo!

Ésto es, para mí, la vida chula.

Ésto es lo que me hace libre, y así de libre lo digo.

sábado, 19 de agosto de 2017

Interludio Dos: La previa

Doce horas y un concierto de Neuman por todo lo alto. Eso es lo que falta para empezar, tras un día de revisiones, alforjeo y engrase, sobre todo engrase. Mental.
Llevo tanto hablando del viaje, y tengo tantas ganas de empezar a surcar caminos que no consigo que se me borre la sonrisa del alma, y no podía tener mejor previa, que estar a 10 grados en un concierto y con mi gente es digno de reyes.
Durante los próximos diez o doce días os cansaré con eso de que estas historias están al alcance de cualquiera, pero hoy, y probablemente solo hoy, me voy a permitir el lujo de pasarme la manica por el lomo, porque voy a meterme en una señora aventura, seamos honestos.
Pero no es el reto físico, ya lo sabéis. Es esa sensación de libertad, de libertad total y extrema, esa que empieza en la nuca y te vertebra hasta los tobillos. Esa que puedo casi masticar y que alimenta cada día del año, y que costará tanto dejar atrás cuando se acerque el fin.
Y en este rinconcito nuestro, como la última vez, os mantendré actualizados, intentando haceros comprender algo que no sé explicar... Pero lo intentaré. Así que, una vez más, y mil si hicieran falta, el agradecimiento por bandera. Sois necesarios, queridos. No me faltéis.

Dios bendiga a los bandidos porque sigamos estando en el filo.

lunes, 14 de agosto de 2017

En el rincón de pensar

Elogiar estas piedras a estas alturas de mi vida ya se me hace difícil. Los que me conocéis sabéis de sobra cómo se me enciende la mirada cada vez que hablo de Cabo de Gata. Cada rincón de estas veintitantas calles, coronadas por un paseo que yo conocí de tierra, es especial para mí, y no me queda mucho más que añadir.
Aquí estoy fondeado, en el penúltimo cachito de costa puro, donde los relojes dejan de funcionar y la vida se abre camino a golpe de supervivencia y sal. Donde las gaviotas posan para grandes angulares y el agua baila delante de tu nariz. Donde los lunes se despiertan vacíos y el pescado se compra en la orilla, tras la tríada café-periódico-pan. Donde no puedo estar más tranquilo. Donde no sé ser infeliz. Donde mi vida es mía y solo mía, hasta que mis sobrinas me obligan a hacer lo que ellas quieren. Donde a veces soy Jose y otras veces soy Pepe el del fútbol o el de la bici, o el granaíno, o el hermano de Pilar. Donde mi vida chula sabe aún más chula si cabe.

Aquí pedaleo al sentir levantarse el sol por un trazado que conozco al dedillo, con paradas técnicas en calas escondidas y fin de etapa en el bar de las niñas, mientras espero  a levar anclas en breve, llenándome los bolsillos de instantes robados a este parque natural, que parece que solo vista sus mejores galas cuando disparo y disparo, porque aquí dos horas de fotografía enseñan como clase magistral. Son estas tranquilidades las que alimentan mi creatividad. El mérito es de la tierra que me rodea, sin duda.

Aquí se van a quedar todos los pánicos y los agobios pre-pedaleo, y de aquí me iré con excedente de energía y sonrisa, porque es de mis  miedos de donde nacen mis corajes, en este rincón de casas bajas que enarbolan bandera pirata y siluetas de flamencos, eternos pobladores, dueños de las salinas, espectáculo natural que perdura a pesar de los pesares. Crucemos los dedos.
"Me hice una guía que no ha salido aún de la mochila. Solo se dónde empiezo y dónde termino, y más o menos la línea que quiero seguir", le cuento a la seño en el filo de la playa, con el segundo café. Y justo en ese momento aparece por la esquina un hombre en bici, con alforjas, mapas, botellas y pelo cano. Reflejo de mí, y de tantos que se echan a los caminos.
Ya vienen las ganas. Ya me hormiguean los pies. Ya Sarah me pregunta cuándo.
Ya casi casi empezamos.

jueves, 10 de agosto de 2017

Interludio Uno: Sentido

Todo listo. Todo. Cuento las horas para empezar y los ocho días que quedan me queman, el reloj no avanza. Calmo la sed siguiendo las andanzas de Salva, grande entre grandes, que está inmerso en una aventura similar. Déjate una ronda pagada en Santiago, chico, no seas miserias. Porque llegas, seguro que llegas. Todos mis ánimos desde este rincón, amigo.
Mañana Sarah y yo llegamos al primer puerto, donde no pienso descansar. Entrenos de mañana y tarde, como los pros, para coger el tono necesario, que no queremos desafinar en ésta más que probable última ronda ciclista de dos semanas, que ya uno empieza a pintar canas, y añoranzas de sofá.

Vuelvo a casa, a teñirme de sal, de amor de familia, de remanso de paz y flamencos, siestas pre-almuerzo y reajuste mental. Hace trece meses que no cato unas vacaciones, ya está bien. La vida me debe una desconexión a las puertas de las cuatro décadas. Seamos justos. Me lo he ganado.

Podría no moverme de la orilla, quedarme quieto y aprender a respirar despacio, pero vivir en mi cabeza es difícil, no suelo contentarme con lo que consigo. No me gustan los conformismos, aunque entiendo el mundo en el que vivo y las reglas que lo rigen. Este "me voy a perder por ahí pero te lo voy a contar en un blog". A veces necesitamos tiritas en el alma.
Es todo cuestión de sentirse vivos, ¿no? Ese querer dejar de ser una oveja entre rebaño. Esa necesidad de trascendencia. Todo es cuestión de arriesgarse.

Y a eso no me gana nadie, por mucho que se piense por ahí. Porque soy de jugármela, de vivir en el filo y de no arrepentirme de lo que hago. De pensar poco y cada vez menos. De equilibrarme a base de desequilibrio y barquinazos, de tropezar una y otra y otra vez más sin miedo a las tardes de reposo forzado y llanteras vespertinas. Que estamos aquí solo un rato y mi rato va a ser el mejor.
Dicen los japoneses que todos tenemos tres caras. La primera cara es la que muestras al mundo. La segunda solo se la muestras a los seres más cercanos. Y dicen que la última cara no se la muestras a nadie. Que esa es exclusivamente para ti. Es el único y más real reflejo de lo que eres. Es la que te da paz, o la que no te deja dormir. El tatemae, lo llaman, y sé de lo que hablo, que yo este año tengo la suerte de contar entre los míos con clases exclusivas de pensamiento nipón. Grande eres, Koike San. Loviuh cosa mala.
Ni sé , ni quiero plantearme, cuál de las tres os muestro. Y ni sé, ni quiero plantearme, el gasto emocional que supone. Y volvemos al principio del círculo: correr riesgos.
La vida es más chula cuando te equivocas. Y a pesar de lo que digan, los errores no enseñan. Sencillamente, los cometes. Y se repiten. Y eso es lo que te hace sentir vivo, pleno y real.
Así que, amigo, arriesga. Equivócate, toma malas decisiones, ponte en la picota. Juégatela de vez en cuando, apuesta a caballo perdedor y envida a grandes con tres pitos cuatro.
Ese es el verdadero sentido de todo ésto que llamamos vivir.